Trastorno de la personalidad antisocial: características

Un trastorno que perjudica tanto a la persona que lo padece, como a su entorno, así es el trastorno de la personalidad antisocial.
Trastorno de la personalidad antisocia
Se cree que al menos 3 a 5% de la población mundial padece Trastorno de la personalidad antisocial. Foto de jcomp.

El trastorno de la personalidad antisocial (TPA) es un cuadro clínico que genera daños psicológicos y físicos a la propia persona, así como también se lo ocasiona a quienes están en su entorno. En breve, conocerás acerca de este trastorno, su tratamiento y características. 

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¿Qué es el trastorno de la personalidad antisocial?

El trastorno de la personalidad antisocial es definido como la imposibilidad del sujeto de adaptarse a las normas y leyes sociales. Esto se debe a que el sujeto no sabe diferenciar entre el bien y el mal, así como la falta empatía por quienes lo rodean, es por ello que no toman en cuenta sus sentimientos. De esta manera, este tipo de personas no sienten remordimiento alguno si lastiman, hieren y agreden física, verbal o psicológicamente a uno de sus familiares y/o amigos.

Por otro lado, el TPA se diagnostica luego de los 20 años de edad, pero los síntomas comienzan a presentarse alrededor de los 15 años. Sin embargo, como el individuo aún está en una etapa de desarrollo caracterizada por la búsqueda de identidad y es propenso a los cambios y contingencias ambientales, debe esperarse hasta que sea adulto para ser diagnosticado correctamente.

Características

Por lo que se refiere a las características del presente trastorno se tiene una amplia gama por la cual podemos definirlo. Así pues sabremos diferenciarlo del resto de los trastornos existentes:

1. Mentir constantemente

Las personas antisociales se ven inmiscuidas en problemas constantes, debido a esto suelen mentir para tratar zafarse de ellos. Además, para lograr manipular a quienes los rodean y conseguir lo que quieren, se ven en la necesidad de mentir e inventar historias. 

2. Quebrantar la ley con frecuencia 

Como se mencionó con anterioridad, los antisociales no diferencian entre el bien y el mal. Esto trae como consecuencia acciones desmedidas, tales como pelear, discutir, robar o consumir sustancias estupefacientes sin pensar en los resultados que esto puede producirle. Por lo general, éstas acciones suelen tener secuelas legales.

La personalidad del delincuente común usualmente entra en la categoría de antisocial. Foto de wirestock

3. Poner en riesgo su seguridad y la de los demás

Ahora bien, ya que las personas antisociales no saben discernir y no tienen empatía con sus semejantes, suelen estar en riesgo continuamente. Es decir, se ponen en situaciones peligrosas sin importar si ellos o quienes lo rodean salen lesionados física, psicológica o legalmente.

4. Agresividad o violencia 

Uno de los factores principales que llevan a las personas antisociales a estar consecuentemente en problemas se debe a que son agresivos. Estos sujetos suelen ser impulsivos y ante cualquier estímulo, generalmente afloran su agresividad, siendo capaces incluso de maltratar física, verbal y psicológicamente a sus seres queridos. Por otro lado, esta característica es común en los individuos llamados “antisociales comunes”, haciendo referencia a los delincuentes reincidentes. 

5. Aparentar ser amable para manipular a los demás

Otra de las características más notorias consta en que la persona busca manipular a otras, con la finalidad de obtener beneficios. En otras palabras, emplean la manipulación tanto para lograr beneficios para sí mismos, como para envolver a los demás en sus problemas. Esta característica también es común en los individuos “psicopáticos”. 

6. Ser irresponsable

Por último, tenemos que todas las características antes mencionadas llevan a formar una persona irresponsable. Los antisociales suelen fallar en sus responsabilidades sociales, laborales y económicas, dado que no logran seguir los patrones correctos para cumplir con lo moral y socialmente indicado. 

Causas del trastorno de la personalidad antisocial

Acerca de las causas de este trastorno, nos encontramos con cuatro puntos que suman gran importancia e interés: 

  • El primer factor contempla lo genético del individuo, los cuales pueden contribuir en el desarrollo del presente trastorno.
  • En segunda instancia, tenemos los factores familiares y sociales. Por lo general, quienes desarrollan este trastorno tuvieron una infancia turbia. Estos individuos padecieron maltratos, abusos y constante violencia por parte de su entorno, lo que generó distorsiones en su desarrollo y produjo este tipo de alteraciones.
  • En el mismo orden de ideas obtenemos el tercer factor, el cual radica en algún trastorno de conducta infantil. Es decir, si la persona en su niñez presentó signos de Trastorno de Déficit de Atención con/sin Hiperactividad, y no fue diagnosticado ni tratado adecuadamente, podría tener altas probabilidades de padecer el trastorno de la personalidad antisocial en su adultez.
  • Para finalizar este apartado, nos encontramos con el abuso de sustancias estupefacientes, las cuales generan un sinfín de trastornos y afecciones a nuestra salud física y mental. Es importante mencionar que, basado en estudios epidemiológicos, los hombres tienen mayor riesgo de tener TPA que las mujeres.

¿El TPA tiene tratamiento?

En cuanto al tratamiento para las personas que presentan esta condición, contemplamos que de primer momento es un poco complicado aplicar algún tipo de psicoterapia. Las personas que presentan el trastorno suelen mostrarse a la defensiva en cuanto a recibir psicoterapia voluntariamente. Por ende, acceden a esto solo cuando es de orden judicial o podrán recibir algún beneficio de ello (como una reducción de la pena, en el caso de que estén privados de libertad)

En caso de que la persona acceda a obtener algún tipo de ayuda, podemos tomar como primera opción la psicoterapia. La terapia cognitivo conductual puede brindar las herramientas necesarias para el manejo de las emociones, y así la persona evitará los problemas a corto o mediano plazo. Además de lo antes mencionado, también se puede contar con el apoyo de medicamentos, en caso de que la persona sea excesivamente agresiva o impulsiva. Aunque no hay medicamentos diseñados exactamente para tratar este trastorno, sí existen fármacos que pueden disminuir algunos de los síntomas que se presentan. 

Cabe resaltar que, en algunos casos, los síntomas se hacen menos acentuados alrededor de los 40 años de edad. Foto de jcomp.

Complicaciones 

El trastorno de la personalidad antisocial  puede traer consigo graves complicaciones debido a las características que presenta. Dichas consecuencias afectan tanto a la persona que padece el trastorno como a quienes están en su entorno. En primer lugar, tenemos consecuencias psicológicas, estas se deben a que, a raíz del TPA, se puede desarrollar ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas. Estas consecuencias son parte de vivenciar altos niveles de ira o frustración continuamente.

Por otro lado, nos encontramos con las complicaciones legales, las cuales experimentan un amplio abanico de situaciones. Estas personas pueden estar encarceladas por consumo de drogas, por violencia e inclusive por ser partícipes en homicidios. 

En último lugar tenemos las complicaciones que afectan al entorno familiar o social, que son desencadenadas por la misma inestabilidad que presenta el sujeto. En este caso, estos sujetos maltratan física, psicológica y verbalmente a sus cónyuges, padres o hijos. Añadiendo además que no presentan una estabilidad económica ni social.

Prevención del TPA

Hoy en día no se conoce una prevención exacta para evitar el TPA, pero si tenemos opciones que podemos tomar en cuenta para criar a individuos menos propensos a desarrollarlo. Como ya se mencionó, este trastorno comienza a ser visible en la infancia, por ello es importante que el desarrollo del niño sea óptimo. Es fundamental evitar en gran medida los maltratos o abusos.

Es así como también podemos tomar en cuenta asistir con un profesional de la salud mental, en caso de observar alguna conducta fuera de lo normal en el niño.