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Positividad tóxica: Cuando ser optimista no produce bienestar

¿Cómo puede el optimismo tener una influencia negativa en tu vida? A pesar de que suene paradógico, esto es lo que aborda lo que conocemos como la positividad tóxica.
positividad toxica

Parece que el eslogan de nuestra época es el de ser positivos. Nos bombardean con imágenes bonitas y mensajes motivadores en todas las plataformas, desde marcas de ropa hasta alimentos, pero ¿Es esto realmente bueno? Demos un vistazo a este concepto de positividad tóxica. Porque hasta el optimismo desmedido puede hacernos daño a largo plazo.

¿Qué es la positividad tóxica?

Como todo en la vida, los excesos son malos. Por lo tanto, hablamos de positividad tóxica cuando la fijación con ver el lado positivo de la vida se vuelve obsesivo. Al punto que se vuelve un foco sin balance de tu visión de la realidad.  

No hay que malinterpretar. Tener un pensamiento fundamentalmente positivo te puede permitir mantener niveles adecuados de motivación, y ayudarte a enfrentar los por menores de la vida. Sin embargo cuando estos mantras y pensamientos se nos van de las manos pueden tener un efecto contraproducente. 

En otras palabras, el pensamiento positivo se puede tornar en un pensamiento mágico. Que es ese en el que le atribuimos efectos a acciones sin que haya una relación causa efecto. Así como las supersticiones y los milagros. Por lo tanto, comenzamos a creer que si siempre somos positivos y repetimos estos mantras podemos cambiar la realidad. 

¿Cómo el optimismo puede llegar a ser dañino?

El problema con la positividad tóxica y el pensamiento positivo volviéndose mágico es que puede resultar en efectos negativos en la vida. Suena contradictorio, pero sí. Debido a que se supone que toda esta moda de ser positivo, tú controlas tu destino. Por ende, somos dueños de nuestra propia felicidad y todos estos mensajes van orientados que la persona sea autónoma y feliz. 

Pero esperar que todo en la vida sea felicidad y sensaciones plácidas, sin sufrimiento, es irrealista.  Asimismo, creer que somos lo únicos responsables sobre nuestra vida y que los demás no pueden afectarnos a menos que nosotros los dejemos puede generar sentimientos de culpa y una presión innecesaria. 

Situaciones como despidos, la violencia doméstica, rupturas de pareja, asaltos y muchas otras suceden independientemente de cómo actuemos nosotros frente a este problema. Porque si la compañía para la que trabajas quiebra por motivos corrupción de los directores no importa con qué entusiasmo hicieses tu trabajo. Esto no dependía de ti. 

Además de esto, la expectativa de vivir esta vida siempre pacífica y feliz donde nada te perturba, puedes caer en un ciclo de fingir para compensar los pensamientos negativos y las emociones que nos perturban. Por consiguiente,  mientras peor te sientas más vas a aparentar ser positivo y alegre, y esto crea un ciclo del cual es difícil salir. 

Efectos de la positividad tóxica 

Cuando crees que con tu pensamiento puede cambiar todas las situaciones, así como atraer la suerte. Y que si llenas tu feed y tu vida con todos estos mensajes positivos todo lo puedes lograr. De esta forma creas expectativas que no tienen una base sólida. Por ende, esto lleva a que cuando las cosas no salen como esperamos la decepción sea peor de que habría sido en primer lugar.

Cuando esto pasa suficientes veces, puede hacer mella en nuestro auto concepto y valoración, ¿Si has hecho todo, por qué no funciona? Entonces viene la culpa de no ser felices, porque tenemos que ser felices. No obstante, el peligro de la narrativa del todo positivo recae en que no discrimina de contexto, situación socio-económica, o las diferencias individuales. 

El estrés generado por la obligación de ser felices, de estar siempre positivos y ver todas las situaciones con los lentes color rosa que representan los libros de autoayuda y la psicología del pensamiento positivo son un efecto colateral e indeseado de este tipo de enfoque. 

Entonces ¿Por qué caemos en esto?

Las supersticiones y nuestras creencias nos brindan una especie de seguridad. De esta manera, le dan razón a las acciones y nos anclan a un lógica. Porque si pensamos en las desgracias como retos que Dios nos puso en el camino, o como señales del universo sobre nuestra fortaleza. Simplemente, es más fácil asimilarlas. 

Además de esto, el consumo de estos mensajes positivos, tanto leerlos como verlos en vídeos o charlas motivacionales nos genera bienestar. Sin embargo, esto es sólo temporal. Es normal sentirse motivado después de leer una historia de superación personal, o de oír a una persona diciéndote que eres todo lo que necesitas para ser feliz, que sólo tienes que arriesgarte. Pero hay más allá de esto. 

Dicho bienestar es momentáneo. Estas subidas de adrenalina y la motivación repentina que podamos obtener de dicho pensamiento se desvanece más temprano que tarde. Por lo que podemos caer en un ciclo consumir material de psicología positiva que termina dejando un vacío al pasar del tiempo. 

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¿Pero qué hacemos con las emociones malas?

Cuando lees cosas como “no estás deprimido, sólo distraído”, “deja la tristeza de lado y abraza la desgracia con positividad”, entre otras frases bonitas, comienzas a hacer el intento de evadir todas estas emociones que hemos catalogados como malas: la tristeza, la soledad, la rabia, la frustración.

Pero estas emociones no son malas. De hecho, no existen emociones buenas o malas, incluso se evita hablar de emociones positivas o negativas. Ya que las emociones son reacciones naturales a eventos que nos ocurren. Entonces, es necesario sentirlas todas y vivir los procesos emocionales sin la culpa agregada de pretender que solo sentimos alegría y tranquilidad. 

Hay que aceptarla, la vida a veces es muy dura. La gente pierde seres queridos, sus situaciones son extenuantes. Por lo que pretender que estas personas le vean el lado positivo a la vida en vez de llevar su duelo o expresar su frustración es ingenuo en el mejor de los casos y cruel en el peor. 

Todas las emociones son momentáneas, pero no todas las situaciones lo son. Muchas veces las personas no son capaces de salir de las situaciones en las que se encuentran. Ya sea porque no tienen los medios o están presionadas por terceros, echarles en cara todo el discurso positivo no ayudará en nada. Y peor aún, invalidará a la persona, a su situación e incrementará sus sentimientos de culpa. 

La positividad tóxica contra la realidad individual 

Antes se mencionó que en la psicología del pensamiento positivo no se toma en cuenta las situaciones personales y el contexto de la persona. Un error bastante grave. Porque esto es de vital importancia ya que no existen dos situaciones exactamente igual, ni dos personas. 

¿Sabías que estudios recientes demuestran que hay cierto componente genético en la depresión? Esto nos quiere decir que algunas personas tendrán un grado de predisposición genética para sufrir esta enfermedad. 

Al no tomar en cuenta los factores ambientales y psicosociales que conforman a la persona, esta sobrecarga de expectativa social, la presión que genera y los pocos recursos útiles que ofrece, pueden empeorar el estado anímico y bienestar general de las personas que atraviesan situaciones personales difíciles.

De esta forma, las pseudociencias, los profesionales poco éticos y las vidas falsas e idílicas de los influencers son unos de los responsables en la proliferación de este tipo de prácticas. Porque nos sentimos obligados a ignorar los problemas y tener siempre una sonrisa. De tener una “buena vibra” y evitamos a toda costa ser transparentes y vulnerables. 

Sin embargo, el mundo no es blanco ni negro, ni mucho menos nuestras vidas. Tenemos que aprender a vivir con todos los matices que conforman nuestra existencia. Ambos extremos pueden llegar a ser patológicos. Desde el nihilista que no ve más que sufrimiento en el mundo. Hasta el optimista extremo que responsabiliza a aquellos de sus propios malestares, sin tomar en cuenta sus casos individuales.

Porque, claro, un pensamiento positivo comedido y realista, en el cual aceptamos los aspectos menos positivos de la vida será beneficioso. Incluso existe evidencia de estos beneficios en el tratamiento de distintos trastornos y enfermedades. Por lo que la crítica se hace a los extremos casi obligatorios con los cuales se bombardea desde los medios. 

Referencias